sábado, 11 de febrero de 2012

La Intuición, un regalo divino

En algún momento de tu vida te has visto obligado hacer algo sin saber porque y no lo puedes definir por la razón, es una ráfaga de comprensión instantánea que habla con una vocecita muy apagada en nuestro interior, ten presente que la intuición se basa en sensaciones sutiles, se puede atrofiar cuando pones demasiado énfasis en la mente lógica y en las preocupaciones materiales, todos tenemos esa facultad intuitiva. Cuando consultamos a nuestros ángeles, nos abrimos a un plano de sabiduría y entendimiento que rara vez alcanzamos en la conciencia ordinaria al abrirnos a la voz angelical, comprobamos que no es preciso hacerlo todo solos pues podemos recurrir a una base de conocimiento mas grande desechando las limitaciones y accediendo a la mente universal.
Es importante conocerse mejor, en estado de relajación, tratar de ser consciente de las impresiones que se reciben a través de los sentidos.
Tenemos que desarrollar ese poder, porque todos tenemos la sensibilidad, ese regalo que Dios nos dio, para estar alerta en cualquier situación, siempre tenemos que hacer caso al corazón
La intuición viene a ser el modo de pensar “por defecto”, es decir, el que funciona cuando no aplicamos el pensamiento racional.
La intuición se manifiesta típicamente mediante palabras, imágenes, sentimientos o sensaciones viscerales, que no siempre sabemos interpretar
La intuición es una facultad genuina, y no debemos confundirla con temores suscitados por el miedo, con deseos o con peligrosas presunciones de infalibilidad.
La intuición, joya de la corona de la inteligencia, es el sentido verdaderamente humano.
La intuición utiliza distintos niveles o vehículos para manifestarse, y quizá más de uno a la vez: el físico, el mental, el emocional y el espiritual.
Estamos acostumbrados a trabajar el hemisferio izquierdo, pero para aprovechar el 100% de nuestra mente es necesario fomentar el derecho y llegar a ser ambicerebral, supera la frontera de la razón y la emoción para aceptar la necesidad de escuchar su voz interior, que se apoya en sus experiencias, sus conocimientos previos y la información acumulada a lo largo de su vida.
En los tiempos actuales, donde las cosas cambian a velocidad de vértigo, el análisis estrictamente lógico se revela insuficiente. Es imprescindible aceptar que no podemos tener todos los datos necesarios para adoptar la decisión más racionalmente correcta, ni el tiempo para buscarlos. La vía que nos queda es la intuitiva, una habilidad cada vez más importante.

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